Gematerapia y mitología

El Coral

La historia del Coral está ligada a las religiones romanas y tibetanas.

Los chinos e hindúes lo utilizaban para adornar las imágenes de sus dioses. El Coral fue considerado por mucho tiempo como un poderoso talismán que podía aliviar hemorragias y sangrados, proteger de los malos espíritus, curar la esterilidad y repeler los huracanes.

Hasta aquellos momentos había sido objeto de fantásticas leyendas, como aquella procedente de Grecia que decía que los Corales eran gotas solidificadas de sangre de la medusa. Los Corales servían de amuleto contra los demonios y la mala suerte. Debido a su color rojo, también se les atribuían facultades para potenciar la circulación sanguínea.

El Coral resulta positivo para el cuerpo y el espíritu. Acentúa el deseo de armonía y de complicidad, lo que le hace un objeto muy codiciado en el ámbito del amor. Ayuda a mantener la cabeza fría y hace desaparecer los miedos el nerviosismo .Actúa aminorando dolores menstruales, y ejerce una acción positiva en casos de osteoporosis. Además, regula la tensión sanguínea y previene de las infecciones.

La Turquesa

La Turquesa es una gema que desde la antigüedad ha seducido a muchas y variadas culturas. Su bello color azul ha dado lugar a atribuirle propiedades diversas y se le considera portadora de suerte y prosperidad, pero para qué sea transmisora de estas beneficiosas cualidades, esta bella gema ha de ser regalada. Es por ello por lo que a menudo es conocida como “la piedra de la amistad”.

La Turquesa es considerada como una curandera profunda.

Se puede utilizar para hacer meditación porque equilibra el cuerpo físico.

Fortalece la anatomía en general alinea todos los chakras, líneas de fuerza y campos sutiles.

Mejora la absorción de los nutrientes y su circulación.

Por su propiedad porosidad, es como una esponja para la negatividad.

La mayoría de los amuletos y talismanes antiguos están hechos de este material.

 

Una historia sobre ella, basada en un hombre que llevaba siempre un anillo con una Turquesa, cuenta que al morir este, la piedra perdió todo su color. Un amigo suyo la compró y regalo a su hijo con la condición de que la usara siempre, para ver sí la leyenda era cierta. El hijo, médico de profesión, la hizo grabar y comenzó a utilizarla como sello. A los pocos meses la piedra recupero todo su color.