BODAS QUE SON TODA UNA JOYA.

Baile de la boda a la que asistió Cristina Yanes

¿Alguna vez habéis vivido un momento o experiencia en la que os sentíais sumergidos en la trama de una leyenda o cuento? ¿Algo tan bonito que parecía irreal? Hoy os quiero relatar un sueño, una experiencia, un ideal… En definitiva, un cuento de hadas trasladado a la realidad terrenal. Y es que esos son los momentos que quedan grabados en nuestra memoria y que incluso despiertan en nosotros sensaciones y pensamientos positivos. Solo por eso, merece la pena asistir a bodas como ésta.

El pasado mes de diciembre tuve la oportunidad de asistir a una de esas bodas que hacen sentirme tan especial, que casi, casi me creía la protagonista del mismo y como no podía ser de otra manera, quería compartir las emociones que viví con vosotros.

Lo cierto es que me gusta llamarles joya a todos aquellos acontecimientos, personas o cosas que por sus características singulares y únicas, destacan  por sí solas, valen como diamantes y brillan con propia luz.

Es el caso de la Boda de Mónica Corripio y Marcos Sánchez Malkúm a la que tuve el privilegio de ser invitada, el pasado 20 de diciembre en la ciudad de Santo Domingo.

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Bodas espectaculares.

La verdad es que había estado en bodas espectaculares, pero he de reconocer que cómo esta… ¡Ninguna! Los miles de detalles cuidados eran incontables… El esmero y buen gusto de la decoración era de tal calado que no pude disfrutar a tope, en mi empeño por captar y fotografiar todos y cada uno de los detalles que iba descubriendo a cada segundo…

La novia, una preciosa joven dominicana,  hacía el paseíllo junto a su padre Manuel Corripio con un regio vestido firmado por Óscar de la Renta, a buen seguro, uno de los últimos en los que él dedicó su incomparable arte y oficio. Así como su madre (con un vestido de red de hilo de oro ribeteado con cristales) y hermana, que tan elegantemente lucieron  sus mejores galas de la mano del mismo diseñador.

La decoración de la Catedral Primada de América, bancos, alfombras, monaguillos, niños de arras,  ropa de altar, iluminación, decoración floral, logística de protocolo, puesta en escena del cortejo, ritual de entrada… Estaba tan sumamente cuidado que sería  larguísimo y dificilísimo de explicar. Y lo que sería imposible es describir como fue aquel coro de ángeles (el grupo lírico Matisses) que como si de una orquesta de cámara se tratase nos dieron un concierto de música religiosa de Navidad  y villancicos. Vamos,  que parecía que estábamos en la ópera del Teatro Real de Viena.

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Una vez  finalizada la ceremonia, Mónica ofreció su ramo de novia a la Virgen de Covadonga, en señal a su devoción a la patrona de Asturias, tierra de sus abuelos paternos. La recepción posterior fue única… ¡Realmente única!

La entrada a la carpa, que eran 7.000 metros cuadrados de construcción efímera… Era un pasillo interminable de arcos  de follaje y de luces led que te hacían sentir como si fueras a entrar en el país de las maravillas. Y así fue.

La zona de entrada era un bosque de arañas… Cientos de lámparas de arañas iluminadas que colgaban del techo, suspendidas a diferentes alturas y cada una ellas a cuál más bella que la anterior, que se entremezclan con grandes árboles naturales, todos ellos vestidos de navidad, con sus troncos enfundados en corsetería de luz que definía perfectamente sus extremidades.

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La zona central, con sus mesas perfectamente colocadas y formando un mosaico que se hacía visible desde una especie de puente elevado, desde donde se disfrutaba de una panorámica espectacular. Sin duda, una de las mejores bodas que he tenido el placer de asistir.

El escenario, quizás la parte más admirada de la “carpa “, se componía de tal cantidad de luces, efectos especiales y todo tipo de atracciones  escenográficas, que sus miles de diferentes imágenes, hacen que no disponga de vocabulario suficiente para poderlo describir.

Atrás quedan los efectos de techos paredes y suelos iluminados acompasados con la música, los efectos de humos, y las bolas discoteca, si los comparamos  con aquella sinfonía de fuegos artificiales de interior, lluvias de color, luces de neón frías y calientes,  precipitaciones de confeti que nos hacían sentir la nieve y un sinfín de sorpresas sobre el escenario que nos dejaban con la boca abierta, solo mirando y descubriendo  lo que venía después.

El número de actuaciones allí vividas, una detrás de otra, en la pista de baile, hacían que ésta se quedara pequeña para un elenco de más de 1200 invitados, que con sus smoking y trajes de alta costura (nunca había tantos y tan ricos…), no dejaron la pista libre ni un solo momento desde que comenzó la celebración. Bailarinas de cabaret amenizaban diferentes ambientes, y sobre el escenario, Prince Royce, El Torito etc.  Todos ellos, vestidos con diferentes atrezos nos hicieron pasar del Montmatre Parisino a una especie de carnaval  caribeño de inagotable imaginación.

Por supuesto, hubo reparto de todo tipo de elementos de atrezo, así como joyas de  luz con led que las invitadas lucían al bailar y al fotografiarse  y que producían un efecto único al moverse con sus destellos…

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La tarta nupcial era dueña de una carpa para ella sola (una espléndida creación de seis pisos  que parecía realizada en porcelana inglesa Westwood),  dónde los invitados  entrábamos a hacernos una foto para recordar y contar semejante homenaje.

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Las mesas dispuestas por todas partes estaban engalanadas con importantes faldas-mantel de color azul  noche que parecían ropa de  mesa de alta costura. Las flores blancas de mil tipos, todas asilvestradas pero exquisitamente escogidas, se disponían en recipientes de plata sobre bases de espejo produciendo un efecto luminoso incomparable.

Árboles de elegante navidad colocados por todas partes, estaban iluminados con miles de bombillas blancas formando masas vibrantes que decoraban cada rincón y que se alternaban con los majestuosos árboles naturales, dispuestos con sus mallas de luz que definían sus siluetas.

 

Y qué se puede decir del menú gastronómico… ¡Allí no faltó de nada! Los manjares más exquisitos, se entremezclaban con las frutas, mariscos y  pescados más frescos de la región.

Los vinos y Champagne…corrían sin desperdicio, deleitando el sentido del gusto por los paladares de los más y menos entendidos.

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Y las joyas… Y permitidme que muestre mi debilidad en este punto :). ¡Qué derroche de joyas! ¡Tampoco nunca había asistido yo a una pasarela- desfile semejante de tanta y tan maravillosa muestra de joyas!

La novia que lucía una impresionante tiara familiar de platino y diamantes, llevaba sobre su cabeza más de mil diamantes con más de 40 quilates. Rafaela Martínez, madre de Mónica lucía unos imponentes pendientes, sortija y brazaletes de oro amarillo, rubíes sangre de pichón y diamantes, marca de la casa Yanes.

Y aunque había kilos y quilates de joyas que no eran de Yanes, tengo que reconocer que las joyas lucidas aquella noche eran de aquellas que como decimos  a veces… Cortan la respiración y que dan ese toque de brillo y glamour, que coronan un evento como éste, más propio de un cuento de hadas que de la vida real.

Y es que ¿qué hay de malo en sentirse princesa o protagonista de cuento por un día?

Además, el mundo se mueve para todos  y todos necesitamos de todos, y este tipo de bodas dan trabajo y oportunidades a tanta gente… que ¡menuda bendición!

Mis felicitaciones a los novios y a los padres de los novios que colaboraron para hacer algo tan bello y único como una gran joya, ¡una Joya única e irrepetible!

Cristina Yanes.